urante la explosiva déca-
da de los años 70, un jo-
ven llamado Dick Hayne,
plantó la primera semilla
de lo que actualmente
se conoce como Free People, en
el laberinto de calles y árboles que
conforman el oeste de Filadelfia, en
Pensilvania. En ese momento, se con-
virtió en un punto de referencia para
todos aquellos jóvenes de la zona,
que buscaban un estilo propio, una
forma de comunicar sus valores a
través de su forma de vestir.
Junto a su esposa Meg, tras el éxi-
to cosechado, decidió crear una
línea de venta al por mayor. Diversos
nombres sustituyeron temporalmente
el original para, en 1984, regresar a
sus orígenes, ya que la esencia de
la marca no se había perdido. Free
People seguía siendo la mejor forma
de describir una poética e idealista
forma de ser y comportarse; el retor-
no a los orígenes era inevitable.
La mujer Free People transmite
feminidad, valentía y espíritu. Sus
diseños propios, sus colecciones ad-
quiridas, y el saber hacer de todos
aquellos que trabajan para la firma
norteamericana, han hecho realidad
el sueño de aquel joven emprendedor.
Durante los 90, Free People quiso
deshacerse de su imagen juvenil,
para convertirse en una marca con-
temporánea en plena madurez.
Actualmente cuentan con tiendas
propias en todo el territorio de los
Estados Unidos, Canadá y Japón.
¿Llegarán algún día a establecerse
en España? Mientras tanto podemos
acceder a sus propuestas gracias
a la venta online, un gran servicio,
indispensable para las que somos
amantes de la firma americana.




